La fiebre rosa

Los vinos rosados van destruyendo a su paso todos los estereotipos y prejuicios que deambulaban en torno a ellos ...

Con el transcurso del tiempo los vinos rosados van destruyendo a su paso todos los estereotipos y prejuicios que deambulaban en torno a ellos. Su asentada calidad y cuerpo han hecho que cada vez tengan más seguidores y defensores, así como que las bodegas cada vez se preocupen más en la elaboración de estos preciados caldos.

Los restaurantes, las mesas, los hipermercados, las cestas de navidad, todo en general se llena de tonos frambuesas, tonos pálidos, o piel de cebolla, una gran variedad de colores al alcance del consumidor para poder elegir, pero con algo en común, todo son rosados aunque cada uno de ellos tiene su cuerpo y su estructura propia. Han vuelto a aparecer en nuestra vida muy lentamente y sin hacer ruido.                                         No es de extrañar este auge masivo si consideramos que en las exportaciones este tipo de vino ha aumentado un 14% sólo en este último año.

La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) reitera dicha moda: “Su consumo en el mundo ha crecido un 20% desde 2002. En Suecia, en este período, nada más y nada menos que un 750%; en Reino Unido y Hong Kong, un 250%; en Canadá, un 120%... Y en 2014, último año del que se disponen datos, prácticamente uno de cada tres vinos que se tomaba en el mundo era rosado”

Antes, era considerado como el patito feo, ya que era el que se elaboraba cuando las uvas no alcanzaban el color óptimo, o a veces incluso se elaboraba de restos de vinos tintos y blancos ya elaborados. Es más, tan poca atención se le ha prestado a los rosados que no tiene definición en la legislación europea, la cual solo distingue vinos no blancos de los que sí lo son. Dato que no es de extrañar ya que las uvas rosas no existen, o por ahora no. Los países anglosajones y Francia, que son los que están a la cabeza de las tendencias llevan ya tiempo decantándose por los rosé.

Respecto a la elaboración de estas piezas tan valiosas, hay cuatro métodos. En primer lugar, el de prensado directo de los racimos con corta maceración; en segundo lugar, el rosado de maceración peculiar; en tercero, el rosado de sangrado y por último lugar, el coupage a partir de uvas tintas y blancas y uvas de mostos.

Os animamos desde aquí a uniros a esta fiebre rosa, o por lo menos a disfrutar de estos vinos, que son vinos muy bien pensados y elaborados, ya que en ellos no se pueden enmascarar los defectos, hacer un buen rosado es difícil al no poder jugar con los taninos.

En conclusión, el rosa evoluciona y gusta cada vez más, ya no es cuestión de sexos.